martes, 20 de septiembre de 2016

ANTIGUAS CARRETERAS COMARCALES DE ESPAÑA




Lista completa de todas las antiguas carreteras comarcales de España


En ocasiones, a los aficionados de la carretera como nosotros nos interesa averiguar la historia de algunas carreteras españolas en concreto, y algunos de los aspectos que queremos hallar son qué denominación o clave tuvo esa carretera antes de tener la actual, por dónde pasaba, etc. Pero hoy en día, a cualquier aficionado que le interese el tema y no disponga de mapas antiguos u otro material similar le puede resultar complicado determinar las claves y el trazado de las carreteras comarcales (incluso a nosotros nos ha costado alguna vez), debido a que han pasado décadas desde que esta categoría de carretera y sus claves desaparecieron, siendo sustituidas por otras claves tanto de carreteras nacionales como autonómicas y provinciales.

Por ello, nos ha parecido conveniente recopilar en un solo lugar y de forma organizada y veraz toda la información posible acerca de estas antiguas carreteras, poniéndolas a disposición de cualquier persona que desee obtener cualquier dato de estas carreteras.

No solo incluimos la lista completa, sino que proporcionamos además una explicación acerca de qué eran estas carreteras, cuando surgieron y cuáles eran las reglas que regían su numeración.



jueves, 1 de septiembre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 8ª Entrega




Un relato de Route 1963



A las once menos cuarto de la noche llegamos a la Glorieta de Cuatro Caminos. Mi hermano Juan había decidido tomarse un margen de tiempo para analizar el terreno antes de proceder con la operación en sí, como él la denominaba, y que no consistía sino en arrebatarles por sorpresa a los milicianos la Brough Superior y salir huyendo a toda prisa en dirección a la carretera de Valencia. Sin embargo no entraba en nuestros planes el llegar a este lugar con tanta antelación, circunstancia que nos exponía en exceso a un riesgo innecesario, pero no tuvimos mejor alternativa, porque a última hora las cosas se nos complicaron peligrosamente en la pensión, hasta el punto de que llegamos a temer que no saldríamos vivos de ella.

La tarde había sido larga y tensa en nuestra habitación, sofocados de calor y mareados con los vapores emanados de la pintura negra empleada en la confección de las tres placas de matrícula falsas con las que pretendíamos camuflar la verdadera identidad de la inglesita. Y es que en su origen, según me explicó Juan mientras dibujaba con esmero los caracteres de las placas apoyando los antebrazos en la mesilla de noche, aquella motocicleta llevaba matrícula de San Sebastián y pertenecía a un aristócrata vasco en viaje de placer hacia Cádiz, toda una aventura sólo adecuada para chalados ociosos dispuestos a padecer calamidades en las deficientes carreteras españolas de la época. A la altura del puerto de Somosierra, en la entonces denominada carretera de Irún, el hombre había partido una biela, viéndose obligado a continuar hasta Madrid con la moto remolcada en un camión, y así es como la Brough Superior llegó al taller de mi hermano unos días antes de estallar la guerra. A la espera de la oportuna reparación del motor que le permitiese continuar su viaje hasta Cádiz, el desahogado aristócrata había tomado alojamiento en uno de los mejores hoteles de la capital, en donde no fue posible localizarle después del 18 de julio, cuando ya tenía la moto reparada. Nadie supo dar razón de su persona, ni dentro ni fuera del hotel. Si no le habían asesinado, probablemente habría huido precipitadamente sin dejar el menor rastro, así es que la inglesita quedó aparcada en un rincón del taller cogiendo polvo, y fue en ese momento cuando Juan tuvo la idea de tomarla prestada para marcharnos a Valencia. El resto de la historia es conocido: milicianos armados irrumpieron un día en el taller, mataron a uno de los operarios, requisaron la moto junto con otros vehículos y después incendiaron el local.

domingo, 28 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 7ª Entrega




Un relato de Route 1963



Salimos del bar y nos separamos cada uno por su lado. Juan se marchó a encontrarse con alguno de sus contactos, con la esperanza de que pudieran darle razón de los papeles de la moto y facilitarle algo de gasolina para nuestra huida. Yo, por mi parte, me fui al banco a tratar de recuperar el dinero que teníamos ahorrado, que no era mucho ciertamente y menos aún habría de ser el que conseguí, porque los tiempos estaban tan revueltos que cualquiera que se atreviese a dejar en blanco su cuenta podía ser tomado por sospechoso enseguida, de modo que no me arriesgué y tuve que conformarme con solicitar una cantidad muy modesta para pasar desapercibido. Después, harto de caminar bajo el sol de julio por las calles de aquel Madrid tórrido y agitado, me marché a la pensión, me metí en la cama y me dormí, a pesar de que sólo era mediodía.

Dos horas después me despertó un intenso olor a gasolina. Abrí los ojos y vi a mi hermano sentado al borde de su cama.

Vámonos a comer, haragán —me dijo—. ¿Habrás sacado el dinero, no?

Sólo un poco —respondí—. Ya sabes, por aquello de la discreción.

Nos apañaremos, no te preocupes. A mí me ha ido muy bien. Ya tenemos todo lo que necesitábamos. Estoy ansioso porque lleguen las doce de la noche.

¿Has conseguido...?

Todo, todo —me interrumpió—. La documentación de la inglesita, las placas de matrícula, pintura negra, un pincel y algo de gasolina. Hay que esconderlo todo muy bien no vaya a ser que a última hora nos chafen la fiesta.

jueves, 25 de agosto de 2016

LA RED DE ITINERARIOS ASFÁLTICOS (REDIA)


Un artículo de Tarik Bermejo


Desde su puesta en marcha en 1967, mucho se ha hablado del programa de carreteras conocido como Red de Itinerarios Asfálticos (REDIA). Hagamos un poco de historia: el programa se puso en marcha en enero de 1967, contemplándose una actuación sobre los 5.000 kilómetros con mayor volumen de tráfico de la red (del total de los 80.000 kilómetros en cifras redondas que pertenecían a la red del Estado), excluidos los tramos urbanos y periurbanos, en donde las actuaciones estaban recogidas en los programas de Redes Arteriales.

Este programa se puso en marcha estando vigente el Plan de carreteras de 1961. Este plan, también conocido como «Plan Vigón», por ser Jorge Vigón el ministro de Obras Públicas que lo aprobó, tenía una vigencia de dieciséis años, hasta 1977, contando con una dotación presupuestaria muy importante para su época (177.000 millones de pesetas). Sin embargo en este plan no se establecieron prioridades en las actuaciones más allá de los primeros años, ni tampoco seguimiento de las actuaciones, y lo que fue determinante, no se planteó la revisión del plan en caso de que las variables básicas no resultaran acertadas, principalmente el crecimiento del tráfico. A este respecto, el crecimiento del parque automovilístico en esos años fue espectacular, con cifras de crecimiento superiores al 10%, alcanzando un máximo en 1966 superior al 30%.

Ni este programa, ni las primeras concesiones de autopistas de peaje, fueron aprobadas en las Cortes, condición que era exigida por la entonces vigente Ley de Carreteras de 1877, a pesar de suponer un planteamiento ambicioso en la red de carreteras.

jueves, 18 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 6ª Entrega




Un relato de Route 1963



El viernes 31 de julio a las seis de la mañana unos golpes bruscos en la puerta de la habitación nos despertaron con gran sobresalto. Llevábamos ya varias noches durmiendo con un ojo abierto y otro cerrado, pero este fue uno de los peores despertares que recuerdo, porque no pude evitar el pensar que por fin venían a matarnos, y no es agradable comenzar un nuevo día sabiendo que ha de ser el último. La voz tranquilizadora de la señora Engracia al otro lado de la puerta nos devolvió cierta serenidad, aunque no toda la que hubiésemos deseado. Salvo que ocurriese algo grave, esta buena mujer no acostumbraba a despertar a sus huéspedes tan temprano y con semejante alarma.

No se me asusten los señoritos, que soy yo —oímos que decía—. Le llaman por teléfono, señorito Juan. Dicen que es muy importante.

¿Una conferencia desde Valencia? —preguntó mi hermano levantándose de la cama con un gesto de preocupación.

No lo sé, señorito. Es un hombre, y necesita hablar con usté urgentemente.

¿Hay alguien con usted ahí fuera?

¡Huy, hijo mío, quién va a haber! Estoy sola, pierda cuidado.

Gracias, doña Engracia. Dígale que voy enseguida.

martes, 9 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 5ª Entrega




Un relato de Route 1963



En los días inmediatos que siguieron al levantamiento militar del 18 de julio de 1936, Madrid, que entonces contaba con una población de un millón de habitantes, probablemente se convirtió en la ciudad más peligrosa del mundo. Se producían graves accidentes de tráfico cada pocas horas. Partidas incontroladas de individuos de diferentes facciones se perseguían a toda velocidad por las calles a bordo de automóviles requisados antes de enzarzarse en espectaculares tiroteos que sembraban las aceras de cadáveres ante el horror mudo de los viandantes. Por las noches esas mismas partidas armadas asaltaban los domicilios particulares de quienes consideraban enemigos de su causa —a menudo sin prueba alguna— y se incautaban de todo tipo de bienes para llevarse después a los inquilinos, que aparecían de madrugada con un disparo en la cabeza en los descampados del extrarradio o en las cunetas de las carreteras. Pero no toda la violencia que sacudía Madrid en aquellos días desesperados tenía un origen político. Sanguinarias bandas de simples delincuentes comunes aprovechaban la terrible confusión del momento para requisar automóviles en los que se movían con total impunidad por la ciudad robando y asesinando a mansalva. Respetables ciudadanos que jamás habían manejado un arma de fuego, viéndose de repente armados por unas autoridades que habían perdido todo el control de la situación, decidían resolver a tiros antiguas rencillas de cualquier índole con vecinos, familiares o jefes, a sabiendas de que nunca se investigarían estos crímenes. Sin orden ni Ley, el odio, la venganza y el caos habían tomado Madrid tres años antes de que lo tomasen los militares sublevados.

miércoles, 3 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 4ª Entrega




Un relato de Route 1963



Ese día, lunes 20 de julio, me quedé involuntariamente dormido y me levanté muy tarde. Había tenido intención de acudir a mi trabajo pero, como comprobé más adelante y tal y como había vaticinado Juan, mis jefes del bufete de abogados, gente de derechas —de orden, como se los denominaba entonces—, también habían huido sin dejar rastro. Fue el vecino de la habitación contigua quien me encontró, cerca del mediodía, vagando por los pasillos de la pensión en busca de la señora Engracia para que ordenase a las sirvientas que me preparasen un desayuno.

¡Qué bien vive el señorito! —me dijo con sorna—. Supongo que estarás al tanto de lo sucedido.

¿Al tanto de qué? —le respondí, frotándome los ojos aún soñolientos.

De lo del Cuartel de la Montaña —me explicó sin disimular su entusiasmo—. Hemos pisoteado a los fascistas como si fueran cucarachas. El alzamiento ha fracasado en Madrid, y en dos días estarán sometidos en el resto de España, ya lo verás.

Sí, eso es lo que yo creo —respondí con cierta indiferencia—, pero lo que necesito ahora es desayunar.

Mi vecino de habitación me lanzó una mirada retadora. Vi odio en sus ojos. Probablemente el mismo odio que había brillado en los ojos de los milicianos esa mañana, mientras asaltaban el Cuartel de la Montaña entre gritos y disparos de fusil.

jueves, 28 de julio de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO (1 de agosto de 1936). 3ª Entrega




Un relato de Route 1963



Amparo Signes era el nombre de la señorita valenciana con la que mi hermano llevaba un tiempo carteándose. En los años treinta estaba muy extendida la costumbre de que las parejas se conociesen a través de los anuncios en prensa que bastantes muchachas casaderas publicaban con fines exclusivamente matrimoniales. Seguramente no entraba en los cálculos de Juan el casarse todavía, y menos con una desconocida que vivía en otra ciudad, pero lo cierto es que, por unas u otras razones, aquella mujer valenciana parecía haberle interesado demasiado, hasta el punto de que superada una primera fase de relación epistolar ya se habían intercambiado fotografías personales por correo e incluso, todavía sin conocerse, hablaban por teléfono con relativa frecuencia. Aún recuerdo a la señora Engracia, habitualmente a la hora de la siesta, tocando en la puerta de nuestra habitación y diciendo:

Señorito Juan, apúrese, que tiene usté al teléfono una conferencia desde Valencia.

Y entonces Juan saltaba de la cama y en pijama salía a los largos corredores de la pensión en busca de aquel teléfono negro en el que siempre se estaban recibiendo conferencias desde algún lugar de España. Cuando las conversaciones se prolongaban más allá de lo que aconsejaba la urbanidad y algún otro huésped deseaba utilizar el teléfono, bien porque necesitase hacer una llamada, bien porque esperase recibirla —y más si era una conferencia—, se producían ruidosos altercados que perturbaban la tranquilidad del establecimiento y fomentaban no pocas enemistades entre sus clientes. Mi hermano Juan, que tenía la fea costumbre de acaparar en exceso el teléfono en sus dulces coloquios con la señorita valenciana, ya había discutido airadamente con todos los demás huéspedes por este motivo.