Este es un relato de ficción. Todos los personajes, los lugares y las situaciones son, por lo tanto, imaginarios, y cualquier parecido con la realidad ha de considerarse como una mera coincidencia. Fue publicado por primera vez en el año 2004 en un foro motorista de internet, y debido a determinados pasajes escabrosos de la narración se hizo necesario aplicarle algún tipo de omisión o censura en alguna de las entregas. Se ofrece ahora íntegro en su versión original en este blog, y por tal motivo hemos de advertir que LA LECTURA DE ESTE RELATO NO ES ADECUADA PARA MENORES DE DIECIOCHO AÑOS.
Un relato de Route 1963
Nogueras estuvo largo rato sin decir nada, sumido en una especie de letargo reconcentrado y meditativo, pese a que se le había quedado la mente en blanco y era incapaz de elaborar reflexión alguna. Apoyó los codos en el depósito de la moto y se tapó la cara con las manos. Recordaba haber leído en algún libro, aunque no sabía en cuál, una frase que decía que quien en su desdicha se cubría el rostro con las manos parecía que se estaba haciendo la mascarilla de su pena. Pero no era pena lo que él sentía, quizás, sino sólo un estupor colosal que le provocaba un zumbido agudo en los oídos y le nublaba la vista. Soplaba un viento fresco y agradable en la explanada del Alto del Tossal que mitigaba deliciosamente los calores de la tarde de agosto. El sargento Ceferino le tocó suavemente en el hombro.
—Me tengo que llevar un momento tus papeles —le explicó como si sintiera cierta lástima de él—, y lo más probable es que no pueda devolvértelos. Pero en todo caso que sepas que las motos se van a quedar inmovilizadas aquí mismo.
Nogueras se volvió. Su mirada turbia evidenciaba toda la intensidad de su triste abatimiento.
—Oye, Seferino...
—Dime.
—¿No habrá alguna manera de arreglar esto, de taparlo..., no sé..., de evitar que llegue a conosimiento de las instansias superiores? Tú ya me entiendes.
Ceferino negó tajantemente con la cabeza.
—Claro que te entiendo, Nogueras, pero no. Ya te he dicho antes que os habíais caído con todo el equipo. Y en lo que a mí me compete, yo no puedo hacer nada que no sea cumplir escrupulosamente con mi obligación. Ponte ahora en mi lugar y entiéndeme tú a mí.



















