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viernes, 29 de junio de 2018

DOMINGUEROS ESPAÑOLES EN LOS AÑOS 70. Continuación publicada en prensa.




Un reportaje de Route 1963

El 18 de enero de 2016 publicamos en este blog un reportaje monográfico titulado «Domingueros españoles en los años 70». Dicho reportaje sería llevado a la prensa por su autor (periódico semanal Canfali Marina Alta) en siete entregas que aparecieron publicadas en el citado rotativo entre el 7 de abril y el 19 de mayo de 2018. Con posterioridad, entre el 26 de mayo y el 2 de junio del mismo año se publicarían otras cinco entregas consecutivas y completamente inéditas sobre el tema, continuación de las anteriores, pero enfocadas desde una perspectiva más sociológica. Con esas cinco entregas, que reproducimos ahora en esta nueva entrada a partir de los archivos digitalizados de los artículos publicados en el periódico (únicamente en su edición en papel), queda cerrado y completo el reportaje casi dos años y medio después de su comienzo con la entrada única en este blog. Se ha suprimido el nombre real del autor que aparece en la cabecera de cada artículo publicado, siendo sustituido por el logotipo de su nick en internet, Route 1963.












lunes, 18 de enero de 2016

DOMINGUEROS ESPAÑOLES EN LOS AÑOS 70








 
        Aunque el término dominguero empezó a emplearse y a hacer fortuna en los años sesenta, cuando comenzó la motorización de la sociedad española y las carreteras del país se llenaron de automóviles utilitarios, en realidad los españoles ya llevaban decenios comportándose como domingueros, aunque no dispusieran de vehículo propio. Y es que, en nuestro país, lo de salir los domingos a pasar todo el día al campo o a la playa era una tradición cultural mediterránea muy saludable y bien asentada. Y a falta de vehículos particulares, buenos eran los trenes o los autobuses colectivos para escapar de las ciudades durante la jornada de asueto dominical, y pocos eran quienes se quedaban en sus casas.


El desarrollismo español de los sesenta provocó un inesperado aluvión de coches y de domingueros motorizados en las carreteras, y este fenómeno popular, al adquirir muy pronto las dimensiones de una plaga incontrolable, recibió enseguida una indisimulada consideración peyorativa. De hecho, el término dominguero es inequívocamente despectivo, y en sus orígenes se utilizaba para repudiar a los malos conductores, todos aquellos que utilizaban su coche sólo los fines de semana o los domingos, y que por lo tanto podían considerarse como novatos aficionados al volante y poco diestros en el manejo de los automóviles y bastante negligentes en el cumplimiento de las normas de circulación.

En pocos años, y a fuerza de golpes de chapa, los domingueros probablemente consiguieron conducir con la suficiente solvencia que requerían los tiempos e incluso las mujeres empezaron a sacarse el carnet y sacudirse este viejo estigma de subordinación al varón. Pero los domingueros ya jamás podrían desprenderse del odioso sambenito que habían recibido de nacimiento, y si ya no eran sinónimo de malos conductores —o al menos no lo eran tanto—, sí seguían representando la mediocridad y el fracaso social de la incipiente clase media española, que se dejaba el corto jornal pagando los plazos de la vivienda, del televisor y del automóvil, y con la calderilla sobrante no podía hacer ya otra cosa mejor que abarrotar las carreteras los domingos (la mayoría trabajaban de lunes a sábado) para buscar en competencia con sus iguales algún paraje campestre o playero en donde comerse una tortilla de patata asediada de moscas.