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lunes, 19 de agosto de 2013

GEOMETRÍAS DE LAS CARRETERAS Y DEL TERRITORIO


Un interesante trabajo de José María Coronado Tordesillas (Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Universidad de Castilla-La Mancha), y de Francisco Javier Rodríguez Lázaro (Doctor en Geografía e Historia, Universidad de Castilla-La Mancha).


martes, 13 de noviembre de 2012

ASALTOS Y ROBOS A CAMIONES EN MARCHA. Película "Surcos". (España, 1951)


De entre las muchas modalidades de la delincuencia y sus distintas actividades punibles realizadas en el pasado negro de nuestro país, hay varias que tienen una relación muy directa y especial con la carretera, precisamente en unos años y una época -la posguerra- en los que las carreteras españolas estaban devastadas y apenas si soportaban un tránsito mínimo de vehículos, ya que el parque móvil nacional también había resultado considerablemente mermado como consecuencia de la guerra civil. El contrabando y el estraperlo eran los delitos económicos más practicados y conocidos (e incluso consentidos, o por lo menos no lo suficientemente perseguidos por las autoridades, que se beneficiaban indirectamente de ellos, especialmente de este último), y para su práctica eficaz se recurría una y otra vez al típico ingenio y picaresca españolas con el fin de burlar la vigilancia y persecución, por mínimas que fuesen, a que estaban sometidos. Estas actividades delictivas hacían necesario muchas veces modificar, trucar o alterar las características originales de los vehículos a motor para transportar las mercancías clandestinas, sólidas o líquidas, en camiones sobre todo, improvisando en ellos dobles fondos, falsos depósitos de combustible, compartimentos escamoteables en las cajas, cabinas y remolques, y un largo etcétera de trampas y engaños dignos del mejor prestidigitador para poder trapichear con unos cuantos litros de aceite o unos kilos de harina, productos éstos, junto con otros muchos de primera necesidad, sometidos a férreos controles de racionamiento por parte del Estado. Con ser muy interesante este tema y encontrarse relativamente bien documentado en libros y estudios recientes, si bien escasos, no es el objeto de nuestra atención en esta entrada del blog. Tal vez más adelante nos ocupemos de él, pues el asunto lo merece.

En cambio, de lo que vamos a hablar hoy es de otra forma de robo menos ingeniosa y más pedestre que se produjo con cierta frecuencia en aquellos años y que llegó incluso a reflejarse en alguna película, como la relativamente poco conocida para el gran público, Surcos (1951), del director José Antonio Nieves Conde, probablemente una de las mejores producciones cinematográficas españolas de todos los tiempos: los asaltos y robos de mercancía en camiones en marcha. Al margen de la recreación ficticia de estos hechos que ofrece la película, no existe demasiada documentación sobre este tema, o al menos yo no he conseguido encontrarla, con la salvedad de una breve reseña en el diario ABC, curiosamente también con fecha de 1951 (7 de Febrero), en donde se informa de la detención de una banda de ladrones de camiones en Lérida, cuyo modus operandi coincide exactamente con el desarrollado por los personajes de Surcos.


Cabe preguntarse ahora si fueron los delincuentes reales quienes se inspiraron en la película a la hora de planear sus delitos, o bien fueron los guionistas de ésta quienes se basaron en las andanzas de aquéllos para recrear los asaltos y robos a camiones que aparecen en algunas escenas del filme. Pues parece ser que ni una cosa ni otra, porque los hechos reales y los ficticios se solapan en el tiempo, son casi simultáneos, lo que nos lleva a la conclusión de que estas prácticas delictivas venían realizándose ya desde tiempo atrás, probablemente desde el mismo final de la guerra.

Con nocturnidad y alevosía, aprovechando la oscuridad, bandas de delincuentes organizados se apostaban en las cunetas de las carreteras españolas a la espera del paso de los camiones, que en aquella época solían viajar juntos en convoy. Por lo que se insinúa en la película, estas bandas tenían sus informadores en los puntos de origen de los convoyes, de modo que sabían cuándo y cuántos camiones salían, cuándo iban a llegar a destino y cuál era la mercancía transportada. Para perpetrar los robos elegían zonas de las carreteras con pronunciadas subidas o repechos, en donde los camiones cargados, ya muy lentos de por sí, debían reducir aún más su velocidad. Después, varios hombres corrían y se encaramaban a las cajas de los vehículos sin ser vistos y arrojaban las mercancías a la calzada, en donde sus compinches las iban retirando. Bastaban unos pocos sacos de trigo o unos bidones de aceite sustraidos de cada camión para que el negocio fuera rentable. Estraperlistas y mafiosos de todo pelaje se encargaban luego de colocar esas mercancías en el mercado negro obteniendo sustanciosos beneficios, mientras las autoridades, como se ha dicho antes, a menudo solían hacer la vista gorda, pues no sólo se beneficiaban también de tales prácticas a título individual, sino que además eran conscientes de que este comercio ilícito constituía con frecuencia el único sistema para evitar el desabastecimiento de bienes de primera necesidad que el Estado era incapaz de garantizar, aunque fuese a precios prohibitivos para la mayoría de la población.


Los asaltos a camiones no constituyen el eje narrativo central de la película Surcos (cuyo título original iba a ser Surcos sobre el asfalto), sino que son una pieza más del preciso engranaje estructural de la película, pero le aportan a la misma, por una parte, una acertada dosis de acción y violencia muy en consonancia con el gusto por el cine negro, de evidente inspiración norteamericana, y por otra representan un nítido reflejo del neorralismo italiano, tendencias cinematográficas ambas muy en boga en aquella época. Un elenco de artistas de primera fila, constantes pinceladas costumbristas, bien urdidos retazos de desgarrada denuncia social y una indisimulada crítica del sistema y de las miserables condiciones de vida imperantes, que a duras penas pudieron superar la brutal censura franquista, le aportan el genuino toque nacional a esta película, a decir de los expertos toda una obra maestra del cine clásico español, y en mi opinión sin duda la mejor de su repertorio.


Para ilustrar este reportaje he realizado un breve video con una recopilación de todas las escenas de asaltos a camiones que aparecen en la película.



 
   
Una película española imprescindible, en resumen, para poder comprender aquella terrible realidad de la posguerra y las dificultades cotidianas que exigía la supervivencia a nuestros sufridos antepasados. Cine de muchos quilates y en estado puro.

miércoles, 3 de octubre de 2012

NEONES DE CARRETERA



     Los anuncios de neones luminosos en las carreteras de todo el mundo, sobre todo en los Estados Unidos, han representado durante décadas un determinado estilo de vida asociado a la cultura industrial de masas y al desarrollo automovilístico, y se han constituido incluso como un icono muy representativo del denominado "pop art".  En las carreteras españolas su relevancia y proliferación ha sido menor, pero aún así estos neones luminosos se han prodigado y aún subsisten a lo largo de nuestra geografía viaria como vistoso reclamo de clubes de alterne, hoteles, gasolineras y otros establecimientos nocturnos asociados a la propia carretera. En este video se recrean virtualmente algunos de ellos de manera ficticia e imaginaria, o casi, y cualquier parecido con la realidad de estas animaciones debe considerarse en todo caso como muy cercano a la pura coincidencia.




jueves, 23 de agosto de 2012

ADIÓS AL ANTIGUO PASO DE DESPEÑAPERROS



     Recientemente han concluido los trabajos de desdoblamiento de la autovía A-4 (Madrid-Cádiz) entre Venta de Cárdenas y Santa Elena -el famoso, mítico y terrible paso de Despeñaperros-, con la construcción de una nueva variante que supone no sólo un considerable ahorro de tiempo sino, también, una notable mejora de la seguridad vial en las comunicaciones entre la Meseta y Andalucía en este tramo tan accidentado que, de hecho, suponía una verdadera frontera y barrera natural entre el sur y el centro de la Península. Las obras han durado seis años y se han construido diez grandes viaductos y cinco túneles que reducirán el recorrido de catorce kilómetros en cerca de diez minutos. Se han eliminado curvas y pendientes (el trazado es prácticamente recto), se ha aumentado el número de carriles a tres por sentido y se ha duplicado la capacidad de tránsito de los 24.000 vehículos diarios actuales a los 57.000 que se estiman dentro de veinte años. Naturalmente una infraestructura técnica de esta envergadura resulta casi más espectacular mientras se construye que una vez acabada, como podemos comprobar en este completo reportaje:

  
     Dado el relieve abrupto y montañoso de nuestro país, el paso de Despeñaperros no era el único obstáculo de importancia que hubieron de salvar desde la antigüedad todas las rutas nacionales de primer orden. Recordemos el puerto de Somosierra en la antigua N-I, los de Contreras y el Buñol en la N-III, el de Miravete en la N-V y el de Guadarrama en la N-VI, por citar sólo algunos de los más relevantes. No por casualidad algunos de los nuevos viaductos puestos en servicio en el tramo de Despeñaperros recuerdan por su diseño y morfología al que se inauguró hace unos años en el Buñol.

El paso de Despeñaperros en 1964. Archivo fotográfico familiar del autor.

     Los orígenes de esta vía se remontan al siglo XVIII, cuando el ingeniero francés Carlos Lemaur proyectó y construyó su trazado, un trazado que permaneció prácticamente inalterable durante doscientos años, hasta que en la década de los ochenta del pasado siglo se construyó un nuevo ramal paralelo para disponer de dos sentidos independientes de circulación y poder dar así continuidad a la autovía A-4. Una autovía poco digna de tal nombre en este tramo, dada la estrechez de la calzada, la peligrosidad de las curvas y la inclinación de las pendientes, pero que supuso al menos una buena solución provisional de compromiso con la que duplicar la tradicional carretera única de dos carriles y dos sentidos de circulación.

Area de servicio de Santa Elena (Jaén), en 2010. Archivo particular del autor.


     Personalmente he transitado poco por Despeñaperros, quizá no más de una docena de veces en total en un sentido y en otro a lo largo de cuarenta años (la primera vez en 1971), y constantemente lo he encontrado en obras y siempre me ha parecido un tramo particularmente traicionero y peligroso en el que no se puede cometer un solo error mientras conduces. Y sin embargo, la tentación de distraerse para contemplar fugazmente el hermoso paisaje supone de hecho un riesgo añadido a considerar. No hay apenas espacios apropiados para detenerse, de modo que Despeñaperros es uno de esos lugares que siempre querrías visitar con calma pero por los que invariablemente acabas pasando de largo.

Despeñaperros en 1971. Archivo fotográfico familiar del autor.





     Con la reciente inauguración del nuevo tramo de autovía que deja sin servicio el primitivo paso de Despeñaperros, esta situación puede y debe cambiar. Ya existe un exhaustivo proyecto de conservación y aprovechamiento recreativo y cultural del tramo bajo la denominación de carretera histórica, a imágen y semejanza del diseñado para la antigua N-III. Por el momento, dada la pertinaz crisis económica que padecemos y el escaso interés de las autoridades en este tipo de proyectos (en España no sabemos apreciar el patrimonio histórico que suponen las antiguas carreteras abandonadas o fuera de servicio), no parece que la idea vaya a salir adelante en ninguno de los dos casos mencionados. En el siguiente enlace podemos consultar los detalles del referido al antiguo tramo de la N-IV a su paso por Despeñaperros:


     Y en este interesante blog encontraremos extensa información sobre el pasado y el presente de esta carretera en la zona citada:


     En cualquier caso soy de la idea, ahora más que nunca, de que el antiguo Despeñaperros, ya desprovisto de tránsito, bien merece esa visita demorada y tranquila que durante tantos años fue difícil realizar. Incluso creo que el tramo en cuestión se merece también un pequeño homenaje conmemorativo con la reproducción a escala de alguno de sus hitos kilométricos de piedra, que probablemente haya sobrevivido al paso del tiempo. Esa tarea entre plástica y artesanal a la que me vengo dedicando en los últimos meses con el propósito de preservar la memoria de unos elementos viarios de las antiguas carreteras españolas condenados irremediablemente a una lenta pero inexorable extinción:

 
     Ambas cosas, modelado del hito kilométrico y visita turística al terreno, constituirían mi modesta contribución al recuerdo de una importante carretera que fue, y que como tributo al progreso, ha dejado de ser, esperemos que para bien.