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jueves, 24 de septiembre de 2020
jueves, 24 de octubre de 2019
N-II HISTÓRICA. Tramo Estación de Medinaceli-Arcos de Jalón
Texto de Antonio Teruel
Vídeo Route 1963 Motovlog
Vídeo Route 1963 Motovlog
La ruta transcurre por 17 kilómetros de la carretera N-II, entre los municipios de Medinaceli y Arcos de Jalón (Soria). Se trata de un recorrido que prácticamente no ha sufrido modificaciones en su trazado desde el siglo XIX, más allá de las progresivas ampliaciones y acondicionamientos de la calzada. Por aquí discurrió históricamente el tráfico entre Madrid y Zaragoza, hasta que entre finales de 1990 y principios de 1991 se abrieron los tramos de la actual autovía A-2 que evitaron el paso por la carretera. Con estos tramos, además, se completó la autovía entre Madrid y Zaragoza. La carretera quedó así relegada al tráfico local.
El recorrido comienza en el kilómetro 151 de la N-II, a la salida de Estación de Medinaceli. Este núcleo se encuentra a tres kilómetros de la histórica villa de Medinaceli y creció al amparo tanto del ferrocarril como de la carretera. En la actualidad cuenta con 400 habitantes frente a los poco más de 100 del centro histórico y alberga el ayuntamiento del municipio, además de diversos servicios relacionados con el tráfico de paso. En la misma salida de Estación de Medinaceli se encontraba el cruce con la N-111, hacia Soria y Pamplona. En la actualidad ha sido sustituido por el enlace con la autovía A-15, que llega hasta la capital soriana. La N-111 también ha quedado para los tráficos exclusivamente locales.
Antes de la finalización de la autovía, en 1990, este tramo de la N-II tenía un tráfico de 6000 vehículos diarios. En la actualidad (2017) tan sólo unos 400 vehículos pasan a diario por la carretera a la salida de Estación de Medinaceli, y apenas 250 a la entrada de Arcos de Jalón. Eso sí, más de un centenar de esos vehículos son camiones. El único punto en el que la autovía interfiere sobre el trazado de la carretera es en el kilómetro 154, donde por unos pocos metros la A-2 ocupa el espacio original de la N-II. No obstante, la continuidad de la vía se ha mantenido.
Justo después, la N-II pasa junto al pueblo de Lodares, pequeña aldea de 10 habitantes del municipio de Medinaceli. Su travesía se suprimió con el Plan de Modernización de 1950. A partir de Lodares, la carretera circula encajonada en el estrecho que forma el cauce del río Jalón. Eso hace que el trazado sea bastante sinuoso, con varias curvas cerradas a lo largo del recorrido, y que la carretera sea algo estrecha para tratarse de una radial que fue objeto de grandes obras de acondicionamiento en el Plan de Modernización y, posteriormente, en el Plan REDIA.
En el kilómetro 158 la carretera pasa junto a Jubera, pueblo perteneciente a Arcos de Jalón con sólo 8 habitantes. El paso no está señalizado como travesía, pese a que varias casas recaen a la carretera. La mayor parte del núcleo está algo elevado respecto a la carretera. Al poco de dejar esta población está el primero de los pasos bajo la línea de ferrocarril Madrid-Zaragoza, que en este tramo son característicos porque están desdoblados, con calzadas separadas para cada sentido de la circulación de la carretera. Una curiosidad que viene en parte dada por el trazado sinuoso de la N-II.
Una cosa que llama la atención es que la carretera se encuentra en muy mal estado a lo largo de todo el recorrido. Parece que al haber quedado sólo para el tráfico local la administración se desentiende de su mantenimiento, cosa que no debería suceder de ningún modo. Aparte de los pasos bajo el ferrocarril en los kilómetros 159, 160 y 162, en el kilómetro 163 hay otra curva cerrada donde la calzada está dividida en dos, una para cada sentido. Poco después de esta rareza se llega a Somaén, la otra travesía de este recorrido y que sí está señalizada como tal. Este pueblo también pertenece a Arcos de Jalón y en él viven apenas 30 personas. Llegando a Arcos de Jalón (km 168), el valle se abre y el trazado de la carretera ya es algo más recto. Esta población, que ahora tiene poco más de 1000 habitantes, fue en su día un importante centro comarcal, gracias sobre todo al ferrocarril. Su estación hoy languidece igual que la carretera. El poco movimiento que hay junto a la travesía da fe de ello.
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lunes, 30 de abril de 2018
LA LEYENDA DEL CASCABEL
LA LEYENDA DEL CASCABEL
Hace muchos años, en una noche fría de diciembre, un viejo motorista volvía de un viaje a los Picos de Europa con sus alforjas llenas de juguetes y otras baratijas que había comprado para los niños de su pueblo. Mientras rodaba aquella noche, pensaba cuan afortunado era él en ese momento de su vida, teniendo un socio cariñoso como su moto, que entendía su necesidad de vagar por las carreteras y que nunca lo había dejado tirado en los muchos años en los que habían compartido camino juntos.
Entre las curvas del Desfiladero de la Hermida estaban al acecho un grupo de pequeños critters, conocidos como Gremlins del Camino. Sabes que existen obstáculos en la carretera, tales como piedras, palos y pedazos de viejos neumáticos, y también clavos de esos tan temidos por los motoristas, y tantos otros objetos que influyen en el rodar de una moto, y así los Gremlins del Camino los aprovechan para tener una ocasión de regocijo sobre sus actos del mal. Así pues, este motorista entró en una curva a la luz de la luna, y los Gremlins lo emboscaron, haciéndolo caer al asfalto, y en el resbalón una de sus alforjas se rompió. Yacía en el suelo incapaz de moverse, cuando los Gremlins del Camino se acercaron a él. Este motorista no estaba dispuesto a entregarse y comenzó a lanzarles los objetos que llevaba en sus alforjas, mientras los Gremlins seguían acercándose. Finalmente se quedó sin nada que lanzar, pero tenía unos cascabeles y los hizo sonar con la esperanza de asustar a estos malvados seres que le acosaban. A un kilómetro, acampados en el meandro de un río, había dos motoristas sentados alrededor de una hoguera que charlaban acerca del paseo de ese día, del cocido lebaniego que habían comido, de la libertad que sentían cuando el aire puro azotaba sus rostros mientras recorrían aquellas carreteras montañosas. En el silencio de la noche escucharon un sonido parecido al de las campanas de una iglesia, y dispuestos a investigar caminaron hacia el lugar de donde provenía el sonido. Así encontraron al viejo motorista tirado al borde de la carretera y con los Gremlins dispuestos a raptarlo. Con su presencia consiguieron ahuyentarlos a todos, y el viejo motorista no pudo por menos que mostrarles su inmenso agradecimiento, y para ello cortó dos tiras de cuero de sus alforjas y les ató un cascabel a cada una. Después las colocó en las motocicletas de sus salvadores, tan cerca del suelo como le fue posible. Llevando estos cascabeles en vuestras motos —les dijo— estaréis protegidos contra los Gremlins del Camino, y siempre que os veáis en un apuro haced sonad el cascabel y un compañero motorista acudirá en vuestra ayuda.
Así que, cuando veas a un motorista con un cascabel, ya sabes que es un regalo bendecido por la camaradería y amistad de otro motorista, compañero de ruta.
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lunes, 12 de febrero de 2018
viernes, 29 de abril de 2016
COSTA BLANCA (Alicante). Año 1958. Filmoteca Española.
Seguimos descubriendo verdaderas joyas documentales de la historia contemporánea de España relacionadas con la carretera en los archivos públicos digitalizados de la Filmoteca Española. En este caso el hallazgo no es nuestro, sino de uno de nuestros seguidores de la página de Facebook EN LA CARRETERA, pero tanto da. Lo interesante es encontrar estos reportajes entre cientos de ellos y divulgar el descubrimiento para que pueda ser disfrutado colectivamente. Y además, en esta ocasión, semejante hallazgo nos resulta especialmente oportuno para elaborar sin demasiados quebraderos de cabeza la correspondiente entrada mensual del blog.
Tampoco se complicaron excesivamente la vida los realizadores del reportaje. Apenas diez minutos de película en color y un guión muy sencillo para mostrarnos rápidamente los lugares más emblemáticos de la Costa Blanca alicantina, cuando todavía no había sucumbido al furor destructivo del turismo, que en los años siguientes transformaría para siempre, y a peor, la fisonomía de la zona.
Dos señoritas supuestamente francesas (pero que en realidad son españolas, como se lee en los créditos previos de la película) recorren esta franja de la costa mediterránea a bordo de un Renault 4-4 con matrícula igualmente francesa (aunque con toda seguridad falsa, o por lo menos imaginaria), y partiendo de Oliva (Valencia) van haciendo diversas escalas en Denia (y erróneamente dicen que esta población guarda restos celtas y romanos, cuando en realidad son fenicios y romanos), Jávea/Xàbia, Cabo de la Nao/Cap de la Nau, Moraira, Calpe/Calp, Castell de Guadalest (pintoresca localidad del interior), Altea, Villajoyosa/La Vila Joiosa, Benidorm, Playa de San Juan/Sant Joan, Alicante/Alacant, y Elche/Elx, cuya visita al célebre Palmeral da por finalizado su viaje y el reportaje, dando a entender que regresan a Francia en su simpático Renault 4-4 de matrícula falsa (o por lo menos imaginaria).
Pero a pesar de su sencillez, e incluso candidez -o precisamente por ello-, muy del gusto de la época, este reportaje resulta delicioso y evocador, y casi sesenta años después nos permite comprobar qué poco queda de aquel territorio, entonces casi virgen, y hoy absolutamente devastado e irreconocible por culpa de los desmanes urbanísticos del turismo. No hemos podido resistir la tentación de descargar el reportaje y subirlo a Youtube para poder ofrecerlo por aquí. Que lo disfrutéis al menos tanto como lo hemos disfrutado nosotros.
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lunes, 28 de marzo de 2016
LA ESPAÑA DE LOS AÑOS 60 EN VIDEOS ALEMANES
En los años 60, ciudadanos alemanes en viaje de negocios o de turismo por España, grabaron algunas cortas secuencias de película (seguramente en formato Súper 8) con sus tomavistas, que así es como se denominaban entonces estas máquinas antecesoras de las actuales videocámaras. Tal vez no fueran necesariamente personas de nacionalidad alemana, pero al menos estos fragmentos de película los hemos encontrado por casualidad, entre otros miles de ellos de distintas épocas y países del mundo, en una web alemana que los ofrece al nada módico precio de 53 euros la unidad, aunque en la mayoría de los casos estas grabaciones tengan una duración comprendida entre los 3 segundos y el medio minuto como máximo. Se comprueba que originalmente varias de estas grabaciones han sido fragmentadas de películas homogéneas de mayor duración, hasta el punto de que uniendo dichos fragmentos podría recomponerse la grabación completa en cada caso. Avaricia comercial, podríamos denominarlo, y por este motivo, aunque en principio anunciamos en nuestra página de Facebook EN LA CARRETERA (en donde hemos ido subiendo regularmente los fragmentos), que divulgaríamos el enlace a la web alemana, finalmente no lo haremos, para no concederles una publicidad gratuita que en absoluto se merecen.
Sin embargo, no existiendo ningún impedimento técnico para la descarga de estos brevísimos fragmentos de película, lo que hemos hecho ha sido bajarlos al ordenador, posteriormente recopilarlos y montarlos en un único video de cinco minutos de duración y subirlos a YouTube. No hemos manipulado los fragmentos de película ni suprimido las marcas de agua que llevan sobreimpresionadas, con lo cual no creemos haber infringido ningún derecho de copyright con este trabajo de recopilación.
La mayoría de estas tomas originales en celuloide, posteriormente digitalizadas con las modernas técnicas actuales de procesamiento audiovisual, fueron grabadas tanto en blanco y negro como en color en las calles de las ciudades de Madrid y Barcelona, y pueden datarse sin dificultad en los años 60 del pasado siglo, con la excepción del primer fragmento, grabado en la capital catalana en los años 30. Los últimos fragmentos, también de los años 60, fueron filmados en algún ámbito rural de Andalucía que por el momento no hemos intentado identificar. Algunos de los fragmentos recopilados contenían audio, pero al montarlos en nuestro video este audio se ha perdido por razones técnicas desconocidas, con lo cual hemos considerado el video íntegro mudo, sin que nos hayamos tomado el trabajo de añadirle una banda sonora, del todo innecesaria, ya que el enorme interés de las imágenes debe primar por encima de todo.
sábado, 6 de febrero de 2016
ESPAÑA EN LA CARRETERA (1961)
En 1959 se crea en España la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, que viene a sustituir en las tareas de vigilancia y control de las carreteras a la Policía Armada y de Tráfico (PAT), denominación oficial de la policía gubernativa creada por el nuevo Régimen vencedor de la guerra civil. No parece, por tanto, que la sección policial o los miembros del Cuerpo derivados a las labores del tráfico constituyesen una policía de carretera excesivamente cualificada ni específicamente formada para esta tarea, de todos modos no tan estratégica en la época, ante el modesto volúmen del tránsito rodado en la posguerra como consecuencia de la escasez de vehículos, repuestos y combustible. En cambio, su nombre genérico de Policía Armada (los temibles grises), resultaba tan intimidatorio como redundante, muy del gusto del Régimen, como si fuera posible concebir acaso una policía desarmada, y menos aún en aquel Estado militarizado y autoritario que sólo podía sostenerse por la fuerza y la represión del Ejército y de otros cuerpos de seguridad.
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domingo, 30 de agosto de 2015
N-II. VIDEO ANTIGUA TRAVESÍA ADOQUINADA DE GOLMÉS (LÉRIDA/LLEIDA)
Un reportaje de ANTONIO TERUEL
Ilustraciones de JAVIER POZUELO
Edición ROUTE1963
Golmés es una localidad de la provincia de Lleida situada en
el trazado de la carretera N-II (Madrid-Zaragoza-Barcelona-la Jonquera), a unos
25 kilómetros de la capital leridana y 130 de Barcelona, y que cuenta en la
actualidad con unos 1.800 habitantes. La carretera originalmente cruzaba el
casco urbano, pero en una fecha bastante temprana, en torno a 1950, la travesía
se sustituyó por una variante. Sin embargo, la mayor parte del trazado conserva
un firme adoquinado que probablemente date del primer tercio del siglo XX. En
otras poblaciones leridanas por donde discurre esta misma carretera, como
Vilagrassa o Cervera, sobreviven otros tramos con pavimento de adoquines (sobre
estas travesías se ejecutaron también variantes al mismo tiempo que en Golmés),
pero éste es el que se mantiene en mejor estado. Además, la antigua travesía de
Golmés lleva el nombre de Carretera Vella ("Carretera Vieja"), y en
uno de sus extremos (entrando desde Lleida) existe también aún un viejo rótulo
indicador del nombre de la población, elementos que no dejan lugar a dudas
sobre la antigua función de paso de la vía.
martes, 14 de enero de 2014
jueves, 31 de octubre de 2013
RODANDO POR VALENCIA
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viernes, 11 de octubre de 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
EYRE HIGHWAY (Australia). LA CARRETERA MÁS DESOLADA DEL MUNDO
Tengo que reconocer que nunca he estado en Australia, ese.
vasto país-continente de nuestras antípodas (con permiso de Nueva
Zelanda, verdaderas antípodas españolas), quince veces más extenso que
España. O bien, dicho de otro modo, esa gigantesca nación en la que
cabrían con holgura quince países del tamaño de España.
Pero el hecho de que no conozca Australia ni haya viajado jamás a través
de sus inhóspitas e interminables carreteras no me impide dedicarle la
presente entrada del blog, para inaugurar el tórrido mes de Agosto, a
una de ellas, no la más larga, pero sí la más célebre,
controvertidamente célebre, podríamos decir, por cuanto tiene de
interesante y de peligrosa.
Naturalmente, al no tratarse en este caso de un reportaje autobiográfico
basado en vivencias y experiencias propias, la totalidad de la
información y el material recopilados para esta entrada ha sido obtenido
de diversas fuentes externas a través de internet. No tengo un
propósito de exhaustividad ni de rigor absoluto en este trabajo,
simplemente voy a tratar someramente de una carretera singular por el
mero hecho de que me ha fascinado por sus características y
peculiaridades nada más tener noticias de ella, aspectos que la
convierten en una carretera completamente diferente a cualquier otra del
mundo.
Por consiguiente, todo aquel que esté interesado en el tema y necesite
más información sobre el mismo puede recurrir a los enlaces que ofrezco
en el propio texto o bien al final de la entrada.
Y el primer enlace, antes de entrar en materia con la Eyre Highway
australiana, tiene mucho que ver con la posibilidad de recorrer en moto
otras carreteras australianas parecidas en un viaje organizado y servido
por una empresa española especializada en el turismo motociclista a
través de países exóticos. La mala noticia, como no podía ser de otra
manera, es que el elevado precio de este viaje (11.000 € dos personas y
quince días) lo convierten ya en algo disuasorio para la mayoría de los
motoristas incluso antes de empezar a pensar en sacarle brillo al casco.
Pero como soñar es gratis, aquí va el enlace:
Mucho más asequible resulta viajar virtualmente a través de la pantalla
del ordenador con la mediación de Google Earth, una herramienta
profusamente utilizada por viajeros frustrados e internautas ociosos que
sólo así pueden -podemos- ver mundo. Y así es como viajé yo la otra
noche por Australia, a golpe de ratón -un viaje, por cierto, que había
comenzado unas horas antes en los Estados Unidos siguiendo las rutas de
Jack Kerouac en su novela On the road-, y admirándome de las descomunales distancias que recorren las carreteras asfaltadas de la mayor isla del mundo.
No era, por supuesto, la primera noticia que tenía de la inmensidad de
Australia ni de lo inhóspito de la mayor parte de su despoblado
territorio, pero sí la primera vez que podía constatarlo visualmente, en
tiempo y espacio, a través de la navegación a ras de asfalto
proporcionada por Google Earth, lo cual, además, te ofrece también la
ocasión de sumergirte en el paisaje australiano, un paisaje que se
resume en desierto, desierto, y más desierto más allá de los arcenes de
la carretera y del horizonte hasta donde alcanza la vista, unas vastas
planicies resecas y áridas cubiertas de vegetación arbustiva y matorral
bajo envueltas en una luz cegadora, polvorienta y caliginosa. Un paisaje
desolado que se repite sin la menor variación de contraste durante
cientos y aún miles de kilómetros, hasta el punto de que después de
muchos minutos de viaje simulado se experimenta la sensación
desconcertante de no haberse movido del sitio. Tal vez los viajeros
reales que recorren las Highways australianas a bordo de sus
vehículos experimenten la misma sensación de estar moviéndose sobre el
fondo de un decorado teatral que se repite constantemente, y con el
añadido obligado, además, del calor, la sed y el cansancio.
Unas carreteras australianas que, a pesar de ostentar la denominación de
vías rápidas (highway), no pasan de ser una calzada estrecha de dos
carriles y doble sentido de circulación (se circula por la izquierda y
la velocidad está limitada a 110 Km/h.), que en España no habrían
superado la categoría de carreteras comarcales o nacionales de segundo
orden, en el mejor de los casos. Sin embargo, comprendiendo la enorme
extensión del territorio a cubrir, la baja demografía y el escaso caudal
irregular de tránsito rodado lejos de las grandes ciudades costeras del
país, habría resultado económicamente inasumible la construcción de
autovías o autopistas a través de estos desiertos australianos. Y pese a
todo, gracias a las imágenes estáticas que ofrece Google Earth en su
navegación virtual es posible apreciar que el firme se encuentra en muy
buen estado en casi todos los trazados de la red, lo cual es admirable
considerando que cada una de esas carreteras cubre itinerarios de varios
miles de kilómetros y su conservación debe de constituir una tarea
ingente para una nación de sólo veinte millones de habitantes
concentrados mayoritariamente en las costas.
Proyectar una carretera en Australia no parece ofrecer demasiadas
dificultades técnicas ni topográficas: basta con trazar una infinita
línea recta que vaya a buscar el mar desde cualquier punto geográfico a
través de los desiertos interiores. No es necesario explanar el terreno,
ni expropiarlo (el desierto es propiedad del Estado), ni acomodarlo a
una orografía accidentada ni a grandes cursos de agua. Australia es el
país más llano y seco del planeta. Sólo así se comprende que la Eyre
Highway, que con sus 1.700 kms. de longitud cubre parte del recorrido
total entre las ciudades meridionales de Perth y Adelaida (2.600 kms.),
se haya hecho célebre por albergar en su trazado la recta asfaltada más
larga del mundo (146´6 kms.), entre los enclaves de Caiguna y
Balladonia, no existiendo una sola curva entre ambos. Esto no implica,
desde luego, que el resto del recorrido de la carretera, que une de
oeste a este las ciudades de Norseman y Port Augusta, pueda presumir de
un recorrido tortuoso, nada más lejos de la realidad. Se suceden, una
tras otra sin solución de continuidad, las interminables rectas de
decenas y hasta de un centenar de kilómetros.
Aunque los australianos, en su modestia, sólo la consideren como la más
larga de Australia, en realidad es la recta más larga del mundo.
Las distancias entre las distintas poblaciones de esta ruta son, sencillamente, abrumadoras.
Red principal de carreteras australianas (Highways). En realidad no son
tales vías rápidas, sino carreteras estrechas de doble sentido y con la
circulación limitada a un máximo de 110 Km/h.
Aunque pudiera parecer lo contrario, una carretera con el trazado
predominantemente recto no resulta necesariamente más segura que una
carretera de curvas. En España, país montañoso y de orografía compleja
(ríos, mesetas, valles...) abundan más los trazados sinuosos que los
rectos, pero aún así en aquellas regiones de relieve menos accidentado
(por ejemplo, La Mancha) los ingenieros de caminos decimonónicos que
proyectaron y construyeron las primeras carreteras españolas dignas de
tal nombre, preferían trazar largas rectas de varios kilómetros siempre
que fuera posible, seguramente más baratas y fáciles de construir que
los tramos revirados. Eran, a fin de cuentas, carreteras para carruajes y
caballerías que no alcanzaban grandes velocidades y en cuya conducción
el factor humano no tenía una importancia determinante a efectos de la
seguridad. Sin embargo, con la llegada de los vehículos a motor el
concepto de las carreteras hubo de ser revisado y, entre otras cosas,
las largas rectas de los trazados dejaron de serlo tanto para alternarse
con curvas estratégicas cuya función no era la de salvar accidentes del
terreno, muchas veces inexistentes, sino romper la monotonía visual de
los tramos rectilíneos y disuadir de las altas velocidades.
En las carreteras australianas es evidente que no se aplicaron estos principios, sino el más antiguo y universal, aquel que asegura que la distancia más corta entre dos puntos es siempre una línea recta. Y cuando precisamente esas distancias entre dos puntos son particularmente enormes, los trazados rectilíneos se postulan como la mejor opción para construir una carretera.
La monotonía de la conducción durante horas y centenares de kilómetros a
través de las interminables rectas de la Eyre Highway, con el horizonte
como perenne límite del campo visual, acompañadas del paisaje monocorde
del desierto, con sus tonos apagados y uniformes extendiéndose a través
de una infinita llanura sin contrastes convierten a esta carretera en
una ruta muy peligrosa en donde no escasean los accidentes de tráfico.
Los conductores son víctimas del cansancio y del sueño, porque es casi
imposible no sucumbir a ellos cuando se transita por un territorio tan
desolado y árido, en donde las escasas poblaciones del largo trayecto
(que a menudo no son tales, sino sólo humildes áreas de descanso con los
servicios más elementales) se encuentran separadas también por enormes
distancias, a veces superiores a los 200 kilómetros, con el riesgo que
esto implica de sufrir una avería o quedarse sin combustible. Y por si
esto fuera poco, además no existe apenas cobertura para los teléfonos
móviles y el tránsito es escaso, con lo cual las posibilidades de ser
socorrido con rapidez son muy inciertas. Otro factor considerable de
peligro son los denominados road trains (literalmente, trenes de carretera),
gigantescos y pesados camiones que arrastran largos remolques
articulados de hasta cincuenta metros o más y cien toneladas totales de
desplazamiento, un eficiente medio de transporte masivo de mercancías
para largas distancias a través de las inmensas y rectas carreteras
australianas, vehículos que en otros países del mundo resultarían
inviables dada su limitada maniobrabilidad.
Estos monstruos rodantes llamados road trains circulan en gran número
por las carreteras australianas transportando millones de toneladas de
mercancías a lo largo y ancho del gigantesco país. Con cincuenta metros
de longitud, o más, y rodando a veces a velocidades de 120 km/h.,
adelantarlos supone siempre una prueba añadida de tensión para los
conductores.
Las rectas interminables y solitarias son el elemento más característico
de la Eyre Highway y de la mayoría de las carreteras australianas.
Las gasolineras y las áreas de servicio se encuentran separadas entre sí
por centenares de kilómetros. Se hace necesaria una cuidadosa provisión
de combustible y de agua cuando se viaja por esta carretera.
"La fatiga es fatal", reza el cartel. Y en una carretera larga y
monótona como la Eyre Highway este aviso nunca está de más. Muchos
conductores australianos viajan de noche para evitar el calor diurno del
desierto, lo que multiplica las posibilidades de dormirse al volante y
sufrir un accidente.
La verdad es que se podría hablar o escribir sobre la Eyre Highway
durante horas, incluso sin conocerla sobre el terreno, tal es la
cantidad de información sobre el tema que existe en internet. Sin
embargo, con este apunte, ya extenso de todos modos, creo que es
suficiente por el momento. En la edición original de este reportaje insertamos unos enlaces a diferentes páginas y videos relacionados con esta carretera, pero casi un año después buena parte de esa información se ha perdido o bien los vínculos están rotos y no remiten a los sitios web correspondientes, motivo por el cual omitiremos esta vez dicha información. Sin embargo, no pude en su momento resistirme a la tentación de hacer yo mismo
un video de un viaje virtual, seguramente mejorable, a través de la Eyre
Highway, en dos versiones, en español y en inglés. Esta es la versión
española:
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