sábado, 21 de abril de 2012

MELL KILPATRICK. "CAR CRASHES": DESTRUCCIÓN Y MUERTE EN LA CARRETERA

     Recién estrenada la década de los años 60 del pasado siglo XX, ya habían muerto un millón de ciudadanos norteamericanos en accidentes de tráfico desde los orígenes  de la automoción en Estados Unidos, la nación más desarrollada del mundo en ese y en todos los demás aspectos socioeconómicos. Un millón de muertos en apenas sesenta años de historia automovilística parecen demasiados muertos, incluso considerando el gigantesco parque móvil, la extensión del territorio y de la red de carreteras, y el gran volúmen demográfico del país, pero ahí está el dato escalofriante que fue revelado hace más de cincuenta años. Indudablemente, la cultura automovilística se desarrolló mucho antes en los Estados Unidos que en el resto de los países occidentales, hasta el punto de que, por ejemplo, durante mucho tiempo las tres cuartas partes del parque móvil mundial estuvieron censadas en Norteamérica, y concretamente en el año 1922 circulaban por las carreteras de este país diez millones y medio de vehículos (un automóvil por cada diez habitantes), mientras que en Inglaterra y en Canadá, siguientes en la lista, sólo se contabilizaban apenas medio millón de vehículos en cada una (y en España apenas 38.000). Una sociedad como la norteamericana, tan motorizada desde tiempos tan tempranos, inevitablemente había de sufrir un altísimo número de víctimas  como tributo obligado al progreso y a la modernidad.
     Pero el objeto de esta nueva entrada del blog no es el de analizar ni comentar este fenómeno social de los accidentes de tráfico en Estados Unidos ni en otras naciones, un tema sin duda muy interesante sobre el que existirá abundante información escrita, sino mostrar el punto de vista profesionalmente truculento y morboso de un fotógrafo que se dedicó, durante los años 40, 50 y 60, a plasmar con su cámara la destrucción y la muerte en las carreteras y calles del Condado de Orange y alrededores, en el estado de California. Mell Kilpatrick (1902-1962) nos dejó un legado terrible de magníficas fotografías en blanco y negro en las que no nos ahorra en absoluto el horror de la contemplación de cadáveres atrapados en el amasijo de hierro de sus vehículos accidentados, miembros amputados, mutilaciones, sangre, dolor y sufrimiento. Es el reverso amargo del llamado sueño americano.

Mell Kilpatrick



     Mell Kilpatrick tuvo varios trabajos y desarrolló diversas profesiones a lo largo de su vida, entre ellas la de odontólogo, y existe constancia de que también llegó a colaborar estrechamente en algún proyecto artístico con el célebre Walt Disney, pero sin duda ha pasado a la Historia y permanecerá en ella exclusivamente por sus fotografías de accidentes de tráfico, homicidios, suicidios y todo tipo de reportajes gráficos sumamente espeluznantes relacionados con la materia de la muerte. Al parecer, Kilpatrick tenía acceso permanente a las frecuencias de radio de la policía del Condado, lo que le permitía presentarse en el lugar de los hechos con gran celeridad. En el año 2000 se descubrieron sus archivos inéditos y la editorial Taschen publicó un horripilante libro de fotografías (Car Crashes and other sad stories), hoy descatalogado y muy valioso, en el que se recopilaban sus mejores instantáneas.


     Fue por entonces cuando tuve el libro en mis manos y lo compré sin dudar cuando estaba a punto de agotarse, sorprendido de lo brutal e increíble de su contenido y de la magnífica calidad de sus fotografías, algo nunca visto hasta entonces y probablemente difícil de reeditar en estos tiempos que corren, tan sometidos al pudor de lo políticamente correcto en todos los órdenes de la vida. Desde luego, no es un libro digerible para todos los estómagos, o mejor dicho, no es un libro digerible para casi ningún estómago. Tengo que decir que, personalmente, no me produce ningún morbo este tipo de asuntos ni siento la menor fascinación ante ellos, pero sí soy sensible a la buena fotografía, y este libro, si nos olvidamos de su contenido explícito, es un grandísimo libro de fotografía y como tal hay que considerarlo. No obstante, entre la extensa y casi sádica recopilación de imágenes de cadáveres, sangre, vísceras y miembros amputados que desfilan por estas páginas, también es posible encontrar sólo muestras más o menos asépticas de los daños materiales colaterales, esto es, de los propios vehículos accidentados, de los hermosos automóviles americanos de aquella época destruidos, arrugados, chafados, aplastados, arrollados, precipitados o estrellados en las carreteras californianas, y es con este aspecto del libro con el que nos vamos a quedar aquí, por supuesto, pues nada más lejos de mi intención el mostrar en el blog imágenes desagradables que pudieran herir la sensibilidad de los lectores y/o espectadores. Unas imágenes ante las que, como puede comprobarse a continuación, sobran todos los comentarios.





















2 comentarios:

  1. MUy interesante, muy buenas las fotos.Gracias por compartirlo.

    Un saludo.

    JM Coronado

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    1. Gracias a ti. La mayoría de las fotografías del libro son muy duras y la tentación evidente sería la de subir algunas aquí, pero creo que no es cuestión, y con esta selección de las más suaves me parece que es suficiente para un blog que no pretende ser escandaloso ni truculento.

      Saludos.

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