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viernes, 14 de septiembre de 2012

TRAMO ABANDONADO CON TORO DE OSBORNE




     De su primer trazado decimonónico a las rectificaciones de mejora del Circuito Nacional de Firmes Especiales (CNFE), años 20 y 30 del siglo XX, pasando por los planes REDIA de los años 60 y las adecuaciones de los 70 y 80 antes de quedar definitivamente esta ruta convertida en autovía, la carretera de Madrid a Valencia (antaño carretera de primer orden de Madrid a Castellón y posteriormente carretera general o nacional radial N-III) ha ido sufriendo constantes y puntuales alteraciones mayores o menores de recorrido de las que todavía es posible encontrar interesantes restos abandonados. 
 Algunos son accesibles, otros no lo son tanto, y unos pocos resultan verdaderamente complicados por no decir casi imposibles de alcanzar y de recorrer. En todos ellos la fuerza de la naturaleza se va imponiendo en la misma medida que el hombre se va desentendiendo de la existencia de estos residuos artificiales de su actividad. La vegetación va conquistando y dominando cada palmo de asfalto largo tiempo abandonado, y desaparecen los arcenes bajo los arbustos, árboles y matorrales que echan sus raíces en él, la tierra invade los márgenes y el pavimento se va cuarteando y deshaciendo como consecuencia de los fenómenos atmosféricos hasta llegar a desaparecer casi por completo en apenas un par de décadas. Pero también los animales se enseñorean sin ninguna oposición de estos territorios yermos y dormidos que antes fueron patrimonio humano exclusivo, y ese contraste entre la naturaleza espontánea y viva y la obsolescencia y degradación de las carreteras desechadas es precisamente lo que las hace tan dignas de interés y de curiosidad, cuando no de fascinación, una fascinación que para muchas personas suscitan asimismo otro tipo de ruinas y abandonos más o menos contemporáneos, como fábricas, casas, almacenes, cuarteles, hospitales, instalaciones ferroviarias y un largo etcétera. 
Sin embargo, las carreteras abandonadas, o los tramos resultantes de las mismas, por sus propias características morfológicas, su extensión, su ausencia de grandes elementos accesorios y su integración en el paisaje, impresionan y sorprenden al espectador de diferente manera a como lo hacen otras de las ruinas mencionadas. Quizá lo que más puede llegar a sobrecoger de ellas es el silencio, la quietud, la soledad, la nada absoluta que albergan (excepción hecha de la naturaleza dominante), justamente la antítesis de lo que representa una carretera en uso, por la que siempre están transitando vehículos y en la que raramente impera otra cosa que no sea el ruido, la actividad y el movimiento, y esto por lo menos en las carreteras principales.

 
Una de nuestras prioridades a la hora de acometer la tarea de realizar un detallado documental sobre la antigua N-III ha sido siempre la de visitar y dejar constancia gráfica (videos y fotografías) de todos esos fragmentos de la carretera que han ido quedando abandonados con el transcurso del tiempo como inevitables cicatrices de una obra gigantesca e inacabadada, pero siempre en constante evolución y progreso. Porque además, el componente autobiográfico de estas sensaciones e impresiones personales es innegable, ya que recordamos haber transitado en el pasado por muchos de esos tramos ya en ruinas, lo cual nos devuelve a nosotros mismos una certera noción de nuestra propia decadencia y de la finitud de nuestras vidas. Las carreteras tampoco son eternas, pero se ha calculado que desaparecerán absorbidas y degradadas por la impetuosa naturaleza apenas dos siglos después de que lo haya hecho el último hombre sobre la faz de la tierra. No ha lugar a filosofar sobre este asunto, desde luego. Sería petulante por mi parte el pensar que puede dar para tanto. Simplemente se trata de emociones y de sensaciones experimentadas sólo a flor de piel, y por lo tanto muy elementales y escasamente trascendentes, por más que un repentino exceso de entusiasmo nos pueda llevar a creer lo contrario.
El tramo abandonado de la antigua N-III del que se ocupa este brevísimo video reúne todos y cada uno de los elementos propios a las carreteras en desuso ya mencionados, y uno más, de gran valor cultural, etnográfico, histórico, sociológico y todo cuanto se nos pueda ocurrir al respecto, que nunca nos quedaremos cortos: un genuino toro de Osborne, especie protegida en un país en el que hace bastantes años quedó proscrita la publicidad de las carreteras. Divisar su imponente silueta negra en el inmediato horizonte, entre matorrales, rocas y escombreras, mientras avanzamos despacio sobre el pavimento ruinoso (incluso durante varios metros desaparece un carril completo, convertido en una zanja o trinchera), es algo que alcanza una dimensión estética verdaderamente evocadora.



lunes, 2 de abril de 2012

ANTIGUA N-III. UNA RUTA HISTÓRICA. VISITAMOS UN TERRITORIO INHÓSPITO.

     A medida que vamos avanzando en las tareas de recopilación de material gráfico para el documental sobre la antigua N-III, vamos teniendo la sensación creciente de que a cada cosa descubierta le siguen aún más cosas nuevas por descubrir. Y el problema es que las vamos descubriendo, casi siempre después de un estudio minucioso de la cartografía existente de los siglos XIX y XX y de los recursos interactivos y digitales del XXI disponibles en la red, Google Earth, por ejemplo, la mejor herramienta posible para hacer este trabajo de descubrimiento y localización geográficos. Y digo problema, porque con cada nuevo descubrimiento hecho sobre el mapa o revelado por voluntariosos colaboradores desconocidos a través de internet, nos vemos obligados a salir a la carretera a visitar los lugares descubiertos y a dejar constancia visual de ellos a través del video y de las fotografías. Esto tiene la ventaja de que aporta diversidad y exhaustividad al proyecto, y el inconveniente de que lo dispersa y demora su finalización. Pero no sólo eso. También puede suceder que alguno de esos lugares sea de difícil o de casi imposible acceso, lo que los convierte en territorios peligrosos e inhóspitos. A la hora de contar la historia de lo que fue y de lo que existe todavía de la primitiva nacional III, probablemente no sería estrictamente necesario adentrarse en esos terrenos complicados para cumplir con los objetivos informativos y divulgativos del documental, ya sobradamente representados con otros lugares más conocidos, accesibles y en algunos casos aún transitables y transitados. Sin embargo, la intención de reflejar estos lugares o parajes a veces tan insólitos como exóticos viene a formar parte importante de la razón de ser de este proyecto desde un punto de vista estético y sentimental, si se le puede denominar así. Y es que una antigua carretera en decadencia o en franco desuso termina por convertirse en algo más, en mucho más, que en una simple carretera vieja condenada al olvido. Termina por convertirse, nada más y nada menos, en un símbolo vivo y representativo de los diversos matices del pasado reciente de un país, es decir, de su historia contemporánea. Siempre y cuando haya alguien dispuesto a constatarlo, por supuesto. Y es eso precisamente lo que estamos tratando de hacer nosotros.

      
      El pasado 29 de Marzo visitamos por fin uno de esos tramos abandonados de la N-III a los que yo tenía echado el ojo desde hacía tiempo (anteriormente hemos visitado otros de los que ya hemos dejado sobrada constancia). No daré su ubicación ni referencia alguna explícita sobre el mismo, para evitar la tentación de que mucha gente pueda acercarse hasta él y alterar un entorno natural e histórico que debe conservarse como hasta ahora y seguir su proceso natural de degradación sin interferencias humanas. Además, su acceso es algo complicado y peligroso, con lo cual evitamos de paso que alguien se arriesgue innecesariamente. Aquellos curiosos y muy interesados que deseen encontrarlo sabrán como hacerlo después de leer y ver las fotografías de este reportaje. Este es un trabajo pionero que tenemos que llevar a cabo sólo los buscadores de carreteras abandonadas. Unicamente diré que el tramo en cuestión tiene unos 700 metros de longitud, y aunque nace y muere en ella, apenas es visible desde la autovía.


     Para la ocasión, conté esta vez con la compañía de mi amigo Gustavo, que no había participado aún en este proyecto, y su colaboración fue fundamental y decisiva cuando las cosas se pusieron complicadas. Con un calor abrasador y excesivo para los primeros días de la primavera, nos pusimos en marcha a bordo de nuestras motos, que tal y como yo me temía, no eran las máquinas más idóneas para transitar por los caminos y trochas agrestes que llevaban hasta el tramo abandonado. Mis peores presagios, además, se cumplieron, y mientras recorríamos un camino alternativo de regreso con la esperanza de que fuese más transitable que el de la ida, sufrí una leve caída con la moto, afortunadamente sin consecuencias. Tuvimos que dar la vuelta y retomar el camino original con grandes dificultades a través de un terreno escarpado lleno de roderas, arena y rocas sueltas, lo que nos llevó mucho tiempo y no pocos sudores. Pero nuestros esfuerzos y los riesgos afrontados merecieron sobradamente la pena una vez conseguido el material que necesitábamos.




Origen y final del tramo abandonado


Una de las curvas cerradas del antiguo trazado




Gustavo, un excelente compañero de fatigas recién incorporado al proyecto




Trabajando en la carretera bajo un sol abrasador











Para que no faltase de nada el tramo tenía su propio mojón kilométrico






     Dos viejos neumáticos de camión abandonados en las cunetas desde tiempos lejanos. Gustavo estuvo mirando en las gomas cuarteadas algún indicio del año de fabricación, pero no encontró ninguna pista.

Amplios arcenes invadidos de árboles y maleza.









La soledad y desolación del lugar resultan impresionantes.



Sólo la presencia de la autovía nos recuerda la cercanía de la civilización.



Como siempre, las motos son los vehículos más adecuados para recorrer carreteras abandonadas.


     ¿Cuántos años lleva abandonado este tramo? ¿Cuándo fue construido? Son preguntas para las que, desgraciadamente, no tenemos respuestas precisas. De las pocas investigaciones que he podido realizar al respecto, sólo he sacado la conclusión de que la antigua N-III transitaba por aquí por lo menos hasta el año 1975. Es probable que dejase de hacerlo entre finales de los años 70 y mediados de los 80, cuando sería desdoblado el viejo tramo en un nuevo tramo que ahora forma parte de uno de los carriles de la autovía o bien permanece sepultado bajo la misma. La zona es árida y seca y la vegetación ha crecido sobre el asfalto con menor intensidad que en otros tramos abandonados similares que hemos visitado en la zona. No quedan señales de tráfico, ni carteles, ni guardarraíles que pudieran aportar alguna referencia concreta acerca del tiempo que lleva abandonado, y el mojón kilométrico tampoco añade información alguna, pero podríamos arriesgarnos a estimarlo entre 25 y 35 años, aproximadamente. 


     Hay piedras sueltas arrastradas al asfalto desde el camino que accede al tramo en su extremo sur, lo que sugiere que excursionistas y curiosos se acercan por aquí con alguna regularidad. Sin embargo, salvo los neumáticos citados, restos de cables telefónicos o de alta tensión y algunos botes y latas muy antiguos completamente oxidados, no encontramos restos de basura reciente. 
     En cualquier caso, este paraje, condenado al olvido para siempre, representa ahora una certera evocación del pasado y un vestigio todavía palpable de las antiguas carreteras radiales españolas en general y de la N-III en particular. Sabemos de la existencia de otros tramos abandonados en esta carretera y oportunamente nos acercaremos a visitarlos.

 

martes, 14 de febrero de 2012

ANTIGUA N-III. UNA RUTA HISTÓRICA. ASÍ VA EL PROYECTO

     Seguimos adelante con el proyecto de documental sobre la antigua N-III. Después de seis meses en la carretera, el trabajo de recopilación de material está bastante avanzado, aunque todavía quedan muchas cosas por hacer. Hasta la fecha, hemos visitado el tramo de adoquines del trazado original en las proximidades de Arganda, así como su histórico puente sobre el río Jarama y la variante de los años 60 de dicha población; el tramo de Perales de Tajuña y Fuentidueña de Tajo, con su correspondiente Castillo, travesía y puentes (dos) también históricos, varios tramos abandonados en sus alrededores y otro tramo abandonado en el límite con la provincia de Cuenca junto a la autovía; la "gasolinera espiritual", en las proximidades de Villarrubio, y la travesía de esta población, al final de la cual, dirección Valencia, se encuentra una cruz de hierro en memoria del cantante Nino Bravo, que falleció aquí en accidente de tráfico en 1973; Saelices, y su travesía urbana, y la travesía original de adoquines de los años 20 así como un tramo abandonado en sus alrededores; hemos transitado por el antiguo trazado de la N-III a través del embalse de Alarcón, Motilla del Palancar, Minglanilla y el antiguo puerto de Contreras (lo más interesante de cuanto hemos visto hasta ahora), para llegar hasta Villargordo del Cabriel, en la provincia de Valencia, y hemos visitado también el tramo entre Olivares de Júcar y Olmedilla de Alarcón, que quedó en desuso en los años 50 con la construcción del pantano de Alarcón, que dejó sumergida bajo sus aguas parte de la carretera. 



Tres imágenes del tramo sumergido entre Olivares de Júcar y Olmedilla de Alarcón, desde las dos orillas




Detalle del tramo según un mapa de carreteras de 1973. La parte inundada se atravesaba provisionalmente en barca







Tramo abandonado en las proximidades de Fuentidueña de Tajo (Madrid)

     Varios cientos de fotografías y cientos de horas de grabación de video en alta definición son el resultado, hasta el momento, de esta labor exhaustiva de recuperación de la memoria histórica a pie de carretera en la antigua N-III. Las colaboraciones de terceras personas conseguidas a través de internet también ocupan un lugar muy destacable de este trabajo. Estamos contando con el apoyo de varias personas entusiastas y aficionadas a las viejas carreteras españolas, como unos ingenieros de caminos que han publicado libros sobre la materia y se han dignado a prestarnos asesoramiento e información desinteresadamente, un señor jubilado de Valencia que también nos está facilitando amablemente documentos e informaciones de gran importancia, y algunos conocidos nuestros que, por fin, parece que van a ocuparse de la banda sonora del documental, de la locución del mismo y de algunas fotografías de calidad casi profesional, aunque de momento, al tratarse de un trabajo en equipo la tarea va despacio, lo que hace temer que la conclusión del proyecto se demore hasta el año 2013. 


Un tramo en desuso a las afueras de Saelices (Cuenca). Sólo da servicio a alguna finca colindante




Tramo abandonado en el límite de provincias entre Madrid y Cuenca. La vegetación se va adueñando poco a poco del viejo asfalto.


     Esta apasionante tarea de recorrer la antigua carretera de Madrid a Valencia y descubrir lugares ocultos, abandonados y singulares se acaba convirtiendo en un pasatiempo verdaderamente adictivo y divertido como pocas cosas, pero no está exento de peligros y de dificultades. Por eso siempre salimos a la carretera, como mínimo, dos personas, en previsión de cualquier accidente o contratiempo desagradable que pudiera suceder. Por ejemplo, en una ocasión, a la salida de una curva en un tramo en desuso nos encontramos varios panales de abejas colocados sobre la carretera, y el susto fue monumental. Un cartel avisaba de su presencia, pero cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos encima. Un enjambre de insectos se estrelló contra el objetivo de la cámara y contra nuestros cascos, y sólo la adecuada protección motorista que llevábamos nos salvó de sufrir graves picaduras.

Peligrosos panales de abejas en pleno tramo abandonado. Un lugar insospechado para la apicultura


Por increíble que pueda parecer, así era la N-III hasta finales de 1969 en las proximidades del Puerto de Contreras


Pasado y presente de la carretera Madrid-Valencia. El antiguo tramo muere cegado por una barrera de tierra y una alambrada en el talud abierto para construir la autovía A-3. Al otro lado tiene continuidad


Las motos son la herramienta fundamental y más versátil para acometer este proyecto




El primitivo Puerto de Contreras es con diferencia la parte más interesante del trazado de la antigua N-III





El viejo Puente de Arganda (1910) y el tramo original de adoquines, que quedaron sin uso en el año 1963

La variante de Arganda (1963), que eliminó la travesía de esta población

El puente de Fuentidueña de Tajo, construido en los años 50, que dejó sin servicio el original del siglo XIX

Restos de la primitiva N-III, en servicio hasta la década de los 50, en la provincia de Madrid

Variante de Perales de Tajuña. Con los años se fueron suprimiendo las travesías urbanas

La N-III en las proximidades del Embalse de Alarcón
Trazado de la carretera sobre la coronación de la Presa del Embalse de Alarcón

Todavía sobreviven algunos toros de Osborne en esta ruta clásica

El Hotel del Sol, en Motilla del Palancar, establecimiento emblemático en la carretera Madrid-Valencia

Un Austin de 1922 que se exhibe restaurado en el interior de este Hotel

Trazado original del Circuito Nacional de Firmes Especiales a la salida de Saelices (año 1930)

Travesía de Castillejo de Iniesta. A la izquierda, la gasolinera abandonada
Graja de Iniesta (Cuenca). Sobreviven algunos restaurantes de carretera

Otro clásico de la ruta, el Hotel Claridge, condenado al abandono después de la construcción de la autovía A-3
Quioscos y merenderos de carretera cerrados para siempre. Una tradición española que va desapareciendo con sus viejas carreteras radiales. Este se encuentra frente al Hotel Claridge, en las proximidades de Alarcón
El progreso no perdona y algunas carreteras han de caer en el olvido de la Historia

     Indudablemente, como ya se ha explicado en este blog con anterioridad, este proyecto no es sino un deliberado ejercicio de nostalgia. Y tengo que decir que personalmente he llegado a estremecerme de emoción muchas veces en estos seis meses mientras recorríamos el primitivo trazado de la antigua N-III. Unas veces ha sido al volver a transitar detenidamente por tramos por los que había pasado en mi infancia y juventud de camino a la costa o de regreso a Madrid, a bordo de los modestos utilitarios de mi familia, de los memorables autobuses de línea de la empresa Auto Res, ya desaparecida, o de las primeras motos que tuve y con las que me aventuré en esta carretera con un entusiasmo sin límites. Otras veces ha sido al recorrer tramos aún más antiguos y desconocidos para mí (en especial el del Puerto de Contreras auténtico y primigenio), y en estos casos el estremecimiento y la emoción han sido todavía mayores y me han dejado esa desconcertante sensación engañosa de haber pasado antes por aquí, pese a saber que no era cierto. Lugares que uno cree haberlos soñado alguna vez, o haberlos vivido en otra vida, suponiendo que esto sea posible, lo cual ya es mucho suponer. Pero la conclusión obligada de todo esto es que, cuando algo conmueve tanto tus sentidos como este proyecto de recuperación de la memoria histórica de una carretera, no puedes detenerte hasta llegar al final. Queda todavía un trabajo considerable y laborioso por hacer, pero ya sabemos cómo hacerlo. En cuanto estos fríos siberianos que azotan España se vayan retirando, volveremos a la carretera. Pero puede que incluso volvamos antes, porque la antigua N-III nos sigue llamando a voces.