domingo, 30 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 12ª Entrega


Un relato de Route 1963




 
   Eran las cero horas del sábado 1 de agosto de 1936 cuando llegamos a los bosques de la Dehesa de la Villa. Para nuestra desgracia tampoco era este un paraje especialmente seguro. Casi todas las mañanas aparecían entre los árboles decenas de cadáveres de civiles tiroteados. A veces los asesinaban en el lugar, otras los traían ya muertos sus verdugos en camionetas o en autos particulares y los abandonaban sobre el terreno sin darles sepultura. Pero en todo caso era mejor esconderse aquí que seguir dando vueltas por las calles expuestos a cualquier percance. Mientras subíamos por un camino de tierra que se adentraba en lo más espeso de la fronda yo caí en la ilusión óptica de ver cuerpos abatidos y cañones de fusiles que nos apuntaban en donde tal vez sólo había sombras y siluetas naturales. Las pistonadas del motor bicilíndrico de la  Brough Superior  sonaban acompasadas en el silencio de la noche, apenas respondidas por el canto de los grillos y el rumor del agua de alguna fuente que manaba en la oscuridad. El olor de las plantas y el frescor grato del bosque nos hicieron sentir de improviso un bienestar largo tiempo olvidado después de tantas privaciones y riesgos, y fue entonces, y sólo entonces, cuando por primera vez empecé a creer que podríamos escapar y salvarnos, pero mi esperanza duró apenas unos minutos, hasta que nos encontramos con los faros deslumbrantes de un automóvil que bajaba en dirección contraria.

domingo, 23 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 11ª Entrega



Un relato de Route 1963







    Me puse en cuclillas en un rincón y me bajé los pantalones y los calzoncillos torpemente. En mi vida había sentido un miedo y una humillación semejantes. Tampoco había imaginado nunca que yo pudiera llegar a ser tan cobarde. Pero lo era, y esto ya no tenía remedio.

    -Como no nos marchemos ahora mismo, no te lo perdonaré en la vida, Mariano.


   Desde la oscuridad del portal podía ver su silueta nítida recortándose contra el resplandor de las luces de la calle. Mi hermano Juan deambulaba impaciente de un lado a otro de la entrada con las manos en los bolsillos de los pantalones sin perder de vista ni un instante el bar en donde estaban reunidos los milicianos. Ambos sabíamos que en cualquier momento podrían salir al exterior y montarse en sus vehículos, y cuando eso sucediera todas nuestras oportunidades de huir a Valencia esa noche se habrían desvanecido para siempre. No habíamos llegado tan lejos sorteando tantos peligros como para rendirnos ahora, en el último minuto. En eso Juan llevaba razón, y probablemente de no ser por mi inoportuna cobardía que me tenía ahora miserablemente indispuesto y humillado en aquel portal, ya llevaríamos un rato a bordo de la inglesita escapando de una muerte segura. 


    -¿Has terminado ya? ¿Te falta mucho? -me preguntó con angustia.

      -Sí -musité-, pero no tengo con qué limpiarme.

      -Ahora vengo -dijo, y salió del portal.

domingo, 16 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 10ª Entrega

Un relato de Route 1963

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-Tú déjame a mí -me susurró Juan con un tono de preocupación-. Creo que podremos salir también de esta.

     -¡A ver, documentación! -pidió el otro guardia.

    -Buenas noches -saludó mi hermano mientras sacaba nuestras documentaciones falsas de un bolsillo exterior de la mochila y se las entregaba a los agentes.


   Los guardias miraron los papeles con cierto detenimiento profesional. Sobre todo los dos carnets oficiales de la CNT. Si por algún motivo no les convencían nuestras identidades y nos llevaban detenidos para hacer averiguaciones posteriores, podíamos darlo todo por perdido. A decir verdad, mientras no consiguiéramos salir de Madrid con cada minuto transcurrido menguaban notablemente las probabilidades que teníamos de ponernos a salvo. Uno de los guardias nos observó entonces de arriba abajo con exagerada curiosidad, tal vez oliendo nuestro miedo, porque, al igual que la gasolina que transportábamos, ese miedo que nos dominaba en cuerpo y alma también podía olerse.

viernes, 7 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 9ª Entrega

Un relato de Route 1963






Sintiendo en la nuca el aliento homicida de nuestros perseguidores bajamos hasta el andén del Metro sin dejar de correr. Ni siquiera nos detuvimos en la taquilla para sacar los billetes. La empleada que los despachaba salió de su garita de cristal y nos gritó:

-¡Eh, vosotros, volved aquí! ¡Tenéis que pagar!


Naturalmente no volvimos ni se nos pasó por la cabeza hacerlo. En cambio, para no empeorar aún más las cosas, mi hermano buscó en los bolsillos de los pantalones, sacó una moneda y se la arrojó a la mujer sin ningún miramiento. Esta se agachó para recogerla de muy mala gana.


-¡Hay que ver, qué poca vergüenza! -dijo volviendo a su garita.


En el andén de la estación de Chamberí, solitario a esas horas de la noche, todavía con la respiración fatigosa por el esfuerzo de la huida, Juan me advirtió:
 

-Estate preparado, porque lo mismo tenemos que salir arreando por el túnel en cuanto aparezcan esos.